Un ensayo controlado aleatorizado en jugadores jóvenes de voleibol sugiere que el tipo de entrenamiento de core importa según el gesto técnico que se quiera mejorar: los ejercicios dinámicos resultaron más efectivos para la velocidad del saque, mientras que los estáticos produjeron mejoras significativas en la velocidad del remate, aunque los autores califican estos hallazgos como preliminares dado el tamaño reducido de la muestra y la ausencia de un grupo control sin intervención.
Qué se estudió: jóvenes voleibolistas de élite, dos protocolos de core comparados en seis semanas
El estudio partió de una pregunta práctica muy relevante para el voleibol formativo: ¿produce el mismo efecto sobre la velocidad de golpeo entrenar el core con ejercicios estáticos (planchas y posiciones isométricas) que con ejercicios dinámicos (movimientos con carga o resistencia activa)? Aunque el entrenamiento de core está ampliamente integrado en la preparación física deportiva, sus efectos diferenciales sobre habilidades explosivas del tren superior —como el saque y el remate— no habían sido suficientemente estudiados en deportistas adolescentes.
Participaron 31 jugadores varones de voleibol de élite con edades entre 11 y 14 años. Fueron asignados aleatoriamente a uno de dos grupos:
- Grupo de ejercicios dinámicos de core (DCEG, n = 15)
- Grupo de ejercicios estáticos de core (SCEG, n = 16)
Ambos grupos mantuvieron su entrenamiento de voleibol habitual y añadieron un programa de core de seis semanas, tres días por semana, aplicado antes de cada sesión de entrenamiento. La velocidad del saque y la del remate se midieron con un radar Bushnell Velocity Gun antes y después de la intervención. Para los análisis estadísticos se utilizaron pruebas t pareadas dentro de cada grupo y un análisis de covarianza (ANCOVA) con los valores previos a la intervención como covariable para las comparaciones entre grupos.
Qué encontraron: mejoras reales, pero con efectos distintos según el tipo de ejercicio
Los análisis dentro de cada grupo mostraron resultados significativos en ambos casos, aunque en gestos diferentes:
- El grupo de ejercicios estáticos (SCEG) mejoró significativamente la velocidad del remate (t(15) = −5,115; p < 0,001).
- El grupo de ejercicios dinámicos (DCEG) mejoró significativamente la velocidad del saque (t(14) = −7,299; p < 0,001).
Al comparar los grupos entre sí mediante ANCOVA, los resultados mostraron:
- Velocidad del saque: diferencia significativa a favor del grupo dinámico (F(1, 28) = 31,001; p < 0,001; η² parcial = 0,525). Este tamaño del efecto es grande, lo que indica que la ventaja del protocolo dinámico sobre el estático en el saque fue sustancial dentro de esta muestra.
- Velocidad del remate: no se encontró diferencia significativa entre grupos (F(1, 28) = 0,250; p = 0,621; η² parcial = 0,009), lo que sugiere que ambos tipos de entrenamiento produjeron efectos similares en este gesto cuando se comparan directamente.
Es importante destacar que, aunque el SCEG mejoró significativamente el remate dentro de su propio grupo, al compararlo con el DCEG no hubo diferencia estadística entre ambos para ese gesto. Es decir, los ejercicios dinámicos no perjudicaron ni aventajaron claramente al remate frente a los estáticos.
Qué significa para la práctica: cómo orientar el entrenamiento de core según el objetivo técnico
Estos resultados, aunque preliminares, ofrecen una dirección práctica concreta para entrenadores y preparadores físicos que trabajan con voleibolistas jóvenes. La idea de que “todo core es igual” no estaría respaldada por este estudio: el tipo de estímulo podría importar según el gesto técnico que se quiera mejorar.
Para el saque: priorizar ejercicios dinámicos de core
El saque es un gesto relativamente controlado y secuencial, en el que la transferencia de energía desde el core hasta el brazo ejecutor ocurre de manera más programada. Los ejercicios dinámicos —que implican movimiento activo del tronco bajo carga o resistencia— parecen entrenar mejor esa cadena cinética en condiciones de velocidad y coordinación, lo que se asociaría a una mayor velocidad en el saque.
En la práctica, conviene incluir ejercicios de core dinámico (como rotaciones con resistencia, chops, pallof press en movimiento, lanzamientos de balón medicinal desde el tronco u otros ejercicios que involucren aceleración del tronco) en los bloques de preparación física orientados a mejorar el saque. Esto aplica especialmente en jugadores de entre 11 y 14 años de nivel competitivo, que es la población estudiada.
Para el remate: los ejercicios estáticos también producen mejoras significativas
El remate involucra una cadena de movimientos más compleja y explosiva, con un salto, rotación y aceleración del brazo en muy poco tiempo. Aunque podría esperarse que los ejercicios dinámicos fueran más transferibles a este gesto, los resultados muestran que los ejercicios estáticos también generaron mejoras significativas en la velocidad de remate dentro del grupo que los realizó. La comparación directa entre grupos no mostró que un protocolo fuera superior al otro para este gesto.
Esto sugiere que los ejercicios isométricos de core (planchas frontales y laterales, posiciones de puente, hollow hold y similares) tienen valor real para el remate, posiblemente porque mejoran la rigidez y estabilidad del tronco durante la fase de transferencia de fuerza, permitiendo que la energía generada en el salto se transmita con mayor eficiencia al brazo.
Recomendaciones concretas para entrenadores y preparadores físicos
- No es necesario elegir solo un tipo de core: dado que cada modalidad pareció favorecer un gesto diferente, una programación que combine ejercicios estáticos y dinámicos podría ser la estrategia más completa. Si hay tiempo limitado y se debe priorizar, este estudio sugiere orientar los ejercicios dinámicos hacia el saque y los estáticos hacia el remate, aunque con la cautela que impone el tamaño reducido de la muestra.
- El core como trabajo complementario, no sustitutivo: el programa se aplicó además del entrenamiento técnico-táctico habitual, tres veces por semana antes de cada sesión. No se evaluó si el core por sí solo generaría estos efectos ni si reemplazaría otros contenidos de preparación física.
- Aplicar antes del entrenamiento técnico, con control del estado de fatiga: el protocolo se ejecutó previo a la sesión de voleibol. Conviene monitorear si los jugadores llegan fatigados al trabajo técnico, especialmente en edades formativas, donde la calidad del movimiento es prioritaria.
- Población objetivo: jugadores masculinos de 11 a 14 años de nivel competitivo: no es posible extrapolar directamente estos resultados a jugadores adultos, femeninos o de menor nivel de entrenamiento. La etapa de desarrollo físico y el nivel previo de los atletas pueden modificar la respuesta al entrenamiento.
- Seis semanas es un horizonte temporal razonable para ver cambios: esto da una referencia útil para planificar bloques de trabajo específico de core dentro de la temporada, aunque no se sabe si los efectos se mantendrían más allá de ese período ni si la dosis óptima es esa u otra.
Precauciones al interpretar estos resultados
Los propios autores son claros en señalar que el estudio no incluyó un grupo control sin intervención. Esto significa que no es posible determinar si las mejoras observadas se deben exclusivamente al programa de core o también al entrenamiento de voleibol habitual, al crecimiento y maduración de los jugadores durante las seis semanas, o a otros factores. El estudio compara dos tipos de entrenamiento activo entre sí, no “core entrenamiento” versus “sin core entrenamiento”.
Además, la muestra es pequeña (31 jugadores en total), lo que limita la potencia estadística y la generalización de los hallazgos. Los autores solicitan la confirmación de estos resultados en ensayos más amplios antes de adoptar estas recomendaciones de forma definitiva.
Limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta
- Muestra pequeña (n = 31), lo que reduce la potencia estadística y la representatividad.
- Ausencia de grupo control sin tratamiento, lo que impide atribuir las mejoras exclusivamente al tipo de core entrenado.
- Solo jugadores varones de élite de 11 a 14 años; los resultados no son directamente extrapolables a otras poblaciones.
- No se describen en el resumen los ejercicios específicos de cada protocolo, lo que dificulta su replicación exacta en otros contextos.
- El registro del ensayo fue retrospectivo (el reclutamiento comenzó antes del registro oficial), lo que es una limitación metodológica reconocida por los propios autores.
- No se evaluó si los efectos se mantienen más allá de las seis semanas ni cuál sería la dosis óptima de entrenamiento.
Conclusiones aplicables al entrenamiento de voleibol
- Seis semanas de entrenamiento complementario de core, tres días por semana, se asociaron con mejoras en la velocidad del saque y del remate en jóvenes voleibolistas de élite masculinos de 11 a 14 años, aunque los hallazgos son preliminares.
- Los ejercicios dinámicos de core mostraron una ventaja significativa sobre los estáticos en la velocidad del saque; conviene considerarlos cuando ese sea el objetivo prioritario.
- Los ejercicios estáticos de core produjeron mejoras significativas en la velocidad del remate dentro de su grupo; al comparar ambos protocolos directamente para el remate, no hubo diferencia estadística entre ellos.
- El programa de core se añadió al entrenamiento habitual de voleibol; no reemplazó el trabajo técnico-táctico.
- Antes de adoptar estas recomendaciones de forma generalizada, es prudente esperar la confirmación en estudios con muestras más grandes y grupos control adecuados, tal como indican los propios autores.
- No es posible extrapolar estos resultados directamente a jugadoras, a jugadores adultos o a atletas de menor nivel competitivo.