Tanto el entrenamiento de los músculos inspiratorios (IMT, por sus siglas en inglés de Inspiratory Muscle Training) como el de los músculos espiratorios (EMST, Expiratory Muscle Training) producen mejoras similares en el grosor del diafragma y la fuerza de los músculos respiratorios en jugadoras adolescentes de voleibol, lo que sugiere que cualquiera de las dos modalidades puede ser una herramienta válida para complementar el entrenamiento deportivo en esta población.
Qué se estudió: diseño y población
El estudio incluyó a 26 jugadoras adolescentes de voleibol femenino, distribuidas de forma aleatoria en dos grupos: uno de entrenamiento de músculos inspiratorios (IMT) y otro de entrenamiento de músculos espiratorios (EMST). Se trata de un ensayo controlado aleatorizado, considerado uno de los diseños más sólidos para evaluar efectos de intervenciones.
Ambas intervenciones se aplicaron durante 4 semanas, con una frecuencia de 5 días por semana y dos sesiones diarias, sumándose al entrenamiento deportivo habitual de las atletas. Antes y después del período de intervención se evaluaron las siguientes variables:
- Grosor y rigidez del diafragma (medidos por ecografía, presumiblemente)
- Función pulmonar, incluyendo el flujo espiratorio máximo (PEF%)
- Presión inspiratoria máxima (MIP) y presión espiratoria máxima (MEP), indicadores de la fuerza de los músculos respiratorios
- Resistencia de los músculos respiratorios, medida mediante el tiempo máximo de carga (Tmax)
Qué encontraron: mejoras compartidas, sin diferencias entre grupos
Los resultados mostraron efectos significativos del tiempo —es decir, mejoras dentro de cada grupo antes y después de la intervención— en las siguientes variables:
- Grosor del diafragma tanto en inspiración como en espiración (p < 0,001 en ambos casos)
- Presión inspiratoria máxima (MIP) y presión espiratoria máxima (MEP) (p < 0,001)
- PEF% (flujo espiratorio pico en porcentaje del valor de referencia) (p = 0,022)
Sin embargo, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos IMT y EMST en ninguna de estas variables (interacción grupo × tiempo con p > 0,05 en todos los casos). Esto indica que los dos tipos de entrenamiento produjeron efectos equivalentes.
Por otro lado, la rigidez del diafragma y la resistencia muscular respiratoria (Tmax) no cambiaron significativamente en ninguno de los dos grupos, ni tampoco se observaron diferencias entre ellos en estas medidas.
El resto de los parámetros de función pulmonar, más allá del PEF%, tampoco mostraron interacción significativa entre grupo y tiempo.
Qué significa para la práctica: cómo incorporar el entrenamiento respiratorio en voleibol
Ambas modalidades son igualmente válidas para deportistas adolescentes
Uno de los hallazgos más relevantes para entrenadores y preparadores físicos es que no es necesario elegir entre IMT y EMST pensando que una es superior a la otra: en esta muestra de jugadoras adolescentes, ambas produjeron adaptaciones estructurales (mayor grosor del diafragma) y funcionales (mayor fuerza inspiratoria y espiratoria) de magnitud comparable. Esto da margen para seleccionar la modalidad según la disponibilidad de equipamiento, la preferencia de la atleta o los objetivos secundarios del programa.
Un protocolo breve e intensivo puede ser suficiente para generar adaptaciones
El protocolo utilizado —4 semanas, 5 días a la semana, dos sesiones diarias— es relativamente corto e intensivo. El hecho de que se observaran mejoras en el grosor del diafragma y en la fuerza respiratoria en ese lapso sugiere que períodos de entrenamiento complementario de pocas semanas pueden ser útiles, por ejemplo durante períodos precompetitivos o de preparación general, sin necesidad de intervenciones prolongadas.
Conviene tener en cuenta que este protocolo se sumó al entrenamiento deportivo habitual de las jugadoras. Por lo tanto, las mejoras observadas reflejan el efecto combinado del entrenamiento respiratorio específico y el entrenamiento deportivo regular, y no es posible aislar la contribución exclusiva del IMT o el EMST de la del entrenamiento general.
Posible aplicación en etapas de desarrollo atlético
La muestra está compuesta exclusivamente por atletas adolescentes femeninas. En esta etapa del desarrollo, los músculos respiratorios aún están en proceso de maduración, lo que podría explicar la sensibilidad a las adaptaciones estructurales observadas. Los entrenadores que trabajan con categorías juveniles pueden considerar la inclusión de este tipo de entrenamiento, especialmente si las jugadoras muestran signos de limitación respiratoria durante el esfuerzo o si se busca fortalecer la musculatura de soporte de manera integral.
No obstante, estos resultados no deben generalizarse directamente a jugadores masculinos, adultos o de otras especialidades deportivas, ya que el estudio no incluyó esas poblaciones.
La rigidez del diafragma y la resistencia respiratoria no respondieron al entrenamiento
Un aspecto que merece atención es que la rigidez del diafragma y la resistencia de los músculos respiratorios (Tmax) no mejoraron significativamente en ninguno de los grupos. Esto indica que cuatro semanas de entrenamiento pueden ser suficientes para generar adaptaciones estructurales y de fuerza, pero podrían no ser suficientes para modificar la capacidad de resistencia o la elasticidad del tejido diafragmático. Si el objetivo es mejorar la resistencia respiratoria —relevante en partidos de alta exigencia aeróbica—, es posible que se necesiten protocolos más prolongados o de mayor volumen, aunque el estudio no permite afirmarlo con certeza.
Precauciones en la implementación práctica
- El estudio fue registrado de forma retrospectiva en ClinicalTrials.gov, lo que constituye una limitación metodológica relevante, ya que el registro prospectivo es el estándar que permite mayor confianza en la ausencia de sesgos en la selección de variables y resultados.
- La muestra es pequeña (26 participantes en total), lo que limita la potencia estadística para detectar diferencias entre grupos y reduce la posibilidad de generalizar los hallazgos.
- Al no contar con un grupo control sin ningún tipo de entrenamiento respiratorio específico, no es posible determinar con precisión cuánto de la mejora se debe al IMT o al EMST y cuánto al entrenamiento deportivo regular por sí solo.
- El período de seguimiento fue exclusivamente postintervención inmediata, por lo que se desconoce si las mejoras se mantienen en el tiempo una vez finalizado el protocolo.
- Ante cualquier síntoma respiratorio o condición de salud preexistente, la implementación de este tipo de entrenamiento debe coordinarse con un profesional de la salud.
Conclusiones aplicables para el entrenamiento en voleibol
- El entrenamiento de los músculos respiratorios —tanto inspiratorios como espiratorios— añadido al entrenamiento deportivo regular puede asociarse con adaptaciones estructurales y de fuerza en el diafragma de jugadoras adolescentes de voleibol.
- No hay evidencia de que el IMT sea superior al EMST, ni viceversa, en esta población; ambas modalidades produjeron efectos similares.
- Un protocolo de 4 semanas con dos sesiones diarias puede ser suficiente para observar mejoras en el grosor del diafragma y en la fuerza muscular respiratoria (MIP y MEP).
- La resistencia de los músculos respiratorios (Tmax) y la rigidez del diafragma no mejoraron con este protocolo, por lo que objetivos relacionados con la resistencia respiratoria pueden requerir estrategias adicionales.
- Estos resultados aplican específicamente a atletas adolescentes femeninas y no deben extrapolarse sin cautela a otras poblaciones o géneros.
- Dadas las limitaciones del estudio (muestra pequeña, registro retrospectivo, ausencia de grupo control sin intervención respiratoria), las conclusiones deben interpretarse con moderación y como punto de partida para decisiones prácticas, no como evidencia definitiva.