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Qué deportes además del buceo se asocian con la osteonecrosis aséptica

El voleibol figura entre los deportes asociados a la aparición de osteonecrosis aséptica (ONA) en huesos de la muñeca y la mano, una condición grave que puede comprometer la carrera deportiva de jugadores jóvenes y adultos. Aunque los casos documentados son escasos, la señal de alerta es clara: el dolor óseo o articular persistente en deportistas nunca debe ignorarse.

Qué se estudió: una revisión narrativa de la osteonecrosis aséptica en deportistas

Esta revisión narrativa tuvo como objetivo identificar qué disciplinas deportivas, más allá del buceo, están asociadas con el desarrollo de osteonecrosis aséptica, así como analizar los posibles mecanismos causales, los métodos diagnósticos y las opciones de tratamiento disponibles. La búsqueda bibliográfica se realizó en PubMed y Google Scholar, abarcando la literatura publicada hasta diciembre de 2024. Se utilizaron los términos de búsqueda “sport” combinado con “osteonecrosis” y “bone necrosis”.

Tras el proceso de búsqueda y selección, se identificaron 23 estudios que reportaron un total de 54 casos con 56 huesos afectados. Ningún estudio había sido publicado antes de 1983. Es importante destacar que todos los estudios incluidos presentaron un nivel de evidencia IV, es decir, el nivel más bajo dentro de la jerarquía de evidencia científica, lo que corresponde principalmente a series de casos, reportes de casos y opiniones de expertos. En conjunto, los estudios describieron 26 disciplinas deportivas diferentes.

Qué encontraron: voleibol entre los deportes de riesgo para la muñeca

La disciplina deportiva más frecuentemente asociada a ONA fue la gimnasia, con 20 casos reportados. Las actividades con pelota representaron 17 casos, siendo el fútbol y el tenis las disciplinas más frecuentes dentro de este grupo.

En cuanto a la localización anatómica, aproximadamente la mitad de los huesos afectados (25 de 56) correspondieron a la muñeca y la mano, y la otra mitad a la cabeza femoral. Entre los huesos de la muñeca y la mano, el hueso semilunar fue el predominantemente afectado.

Un hallazgo particularmente relevante para el contexto del voleibol es que, en los casos que involucraron la muñeca y la mano, la gran mayoría de los deportistas practicaban actividades asociadas a fuerzas directas o indirectas sobre esa zona. El artículo menciona explícitamente al voleibol dentro de este grupo, junto con esgrima, handball, lanzamiento de peso, halterofilia, tiro con arco y fútbol americano universitario, además de deportes de artes marciales como karate, kung-fu, aikido y kendo.

Respecto a la osteonecrosis de cabeza femoral, se identificaron 11 disciplinas deportivas diferentes, siendo la gimnasia la más frecuente con más de la mitad de los casos (15 de 26).

En cuanto al pronóstico funcional, aproximadamente la mitad de los casos identificados (29 de 54) lograron retornar parcial o completamente a la práctica deportiva —ya sea su disciplina original u otras nuevas— luego de un tratamiento conservador o quirúrgico.

Qué significa para la práctica en voleibol

El mecanismo de carga en la muñeca como factor de riesgo

El voleibol implica fuerzas repetitivas e impactos sobre la muñeca y la mano en gestos como el remate, el bloqueo, el saque en salto y, especialmente en categorías formativas, el aprendizaje del golpe de antebrazos. Según los autores de esta revisión, precisamente ese tipo de fuerzas directas e indirectas sobre la muñeca sería el mecanismo vinculado a la ONA en esta zona. Aunque los casos son pocos, el hecho de que el voleibol esté explícitamente mencionado obliga a los entrenadores, preparadores físicos y kinesiólogos a mantener un nivel de vigilancia activo.

Atención especial a niños y adolescentes

Los autores advierten de manera específica que atletas, padres, entrenadores y médicos deben estar especialmente alertas cuando niños y adolescentes se quejan de dolor óseo y/o articular persistente, e iniciar las medidas diagnósticas correspondientes. En el contexto del voleibol, esto es especialmente relevante en categorías formativas (sub-12, sub-14, sub-16), donde el esqueleto aún está en desarrollo y la carga de entrenamiento puede aumentar rápidamente en clubes competitivos.

Conviene establecer protocolos de tamizaje básicos: preguntar activamente sobre dolor óseo o articular en cada sesión de entrenamiento, diferenciar el dolor muscular de aparición tardía (típico del entrenamiento) del dolor localizado en un hueso o articulación que persiste más de dos o tres semanas.

Reconocer las señales de alerta

El dolor óseo o articular persistente es la señal de alerta principal que menciona la revisión. Para el equipo técnico y de soporte, conviene tener en cuenta los siguientes puntos prácticos:

  • No normalizar el dolor crónico en la muñeca. En voleibol de formación es frecuente que los jugadores refieran molestias en la muñeca, pero un dolor que persiste más allá de dos o tres semanas, que no mejora con el descanso habitual o que se acompaña de limitación funcional debe derivarse a evaluación médica.
  • Derivación oportuna. Dado que el diagnóstico de ONA requiere imágenes avanzadas (resonancia magnética en fases tempranas), el entrenador o kinesiólogo no puede confirmar ni descartar este diagnóstico: su rol es identificar la señal de alerta y derivar al médico traumatólogo u ortopedista.
  • No minimizar el dolor en jugadores de alto rendimiento. La cultura del “aguantar el dolor” en el deporte competitivo puede retrasar diagnósticos y empeorar el pronóstico. Los datos de esta revisión muestran que solo aproximadamente la mitad de los casos afectados logró retornar al deporte, lo que ilustra el impacto potencial de un diagnóstico tardío.

Consideraciones para la planificación del entrenamiento

Si bien esta revisión no permite establecer relaciones de causalidad directa entre el voleibol y la ONA —ni definir umbrales de carga seguros—, sí es razonable, a la luz de los resultados, considerar algunas precauciones en la programación del entrenamiento:

  • Controlar la carga total de impactos sobre la muñeca, especialmente en períodos de alto volumen de entrenamiento técnico (por ejemplo, durante pretemporada o fases de aprendizaje intensivo del remate y el saque).
  • Respetar los períodos de recuperación adecuados entre sesiones de alta carga técnica, en particular en categorías juveniles.
  • Implementar rutinas de acondicionamiento de muñeca (fortalecimiento de musculatura extrínseca e intrínseca, movilidad controlada) como parte de la preparación física, aunque esta revisión no evalúa directamente su efecto preventivo sobre la ONA.
  • Llevar un registro de las quejas musculoesqueléticas de los jugadores a lo largo de la temporada, lo que facilita identificar patrones de dolor persistente que justifiquen derivación.

Lo que esta revisión no puede responder

Es fundamental no sobreinterpretar estos resultados. Al tratarse de una revisión de nivel de evidencia IV, basada en reportes y series de casos, no es posible establecer la incidencia real de ONA en jugadores de voleibol, ni comparar el riesgo entre disciplinas deportivas, ni afirmar que el voleibol cause ONA de manera directa. La asociación reportada no equivale a causalidad. Además, el número total de casos en toda la revisión es muy pequeño (54 casos en 26 deportes, con toda la literatura disponible hasta 2024), lo que refleja que se trata de una condición poco frecuente aunque potencialmente grave.

Limitaciones del estudio

  • Todos los estudios incluidos tienen nivel de evidencia IV, el más bajo de la escala, lo que implica una alta susceptibilidad a sesgos y una capacidad limitada para establecer conclusiones definitivas.
  • El número total de casos es muy pequeño (54 casos), lo que impide realizar análisis estadísticos robustos o calcular tasas de incidencia por deporte.
  • Se trata de una revisión narrativa, no sistemática ni con metaanálisis, lo que introduce mayor riesgo de sesgo en la selección y síntesis de la literatura.
  • La literatura sobre este tema es escasa y ningún estudio fue publicado antes de 1983, lo que puede reflejar tanto subdiagnóstico histórico como baja incidencia real.
  • Los mecanismos causales propuestos son principalmente especulativos, basados en la descripción clínica de los casos y no en estudios controlados.

Conclusiones aplicables para el entorno del voleibol

  1. El voleibol está explícitamente mencionado entre los deportes asociados a osteonecrosis aséptica de la muñeca y la mano, vinculado a fuerzas directas e indirectas sobre esa zona.
  2. La evidencia disponible es de nivel IV (muy baja), por lo que no se puede establecer causalidad ni incidencia real; se trata de una señal de alerta, no de un riesgo comprobado.
  3. El dolor óseo o articular persistente en la muñeca o la mano de un jugador, especialmente en niños y adolescentes, debe motivar derivación médica sin demora.
  4. Entrenadores y kinesiólogos no están en posición de diagnosticar ONA, pero sí de identificar la señal de alerta (dolor persistente localizado) y actuar en consecuencia.
  5. Aproximadamente la mitad de los deportistas afectados logró retornar al deporte tras tratamiento, lo que subraya la importancia del diagnóstico temprano para preservar la carrera deportiva.
  6. Es razonable monitorizar la carga de impactos sobre la muñeca en categorías formativas y respetar los períodos de recuperación, aunque esta revisión no evalúa directamente el efecto de esas medidas sobre la ONA.
  7. No se deben normalizar las quejas de dolor óseo o articular persistente en jugadores de cualquier nivel: la cultura del “aguantar el dolor” puede retrasar diagnósticos con consecuencias funcionales importantes.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Online Education Center.
Publicación Original