Los problemas de hombro en voleibol indoor competitivo son frecuentes y clínicamente relevantes, pero la evidencia disponible es heterogénea y presenta un riesgo de sesgo moderado a alto, lo que obliga a interpretar con cautela tanto las cifras de prevalencia como los factores asociados identificados hasta la fecha.
Qué se estudió: una revisión sistemática sobre la carga epidemiológica del hombro en voleibol indoor
Esta revisión sistemática buscó sintetizar la carga epidemiológica de los problemas de hombro en jugadores de voleibol indoor competitivo y los factores asociados a esos problemas. Una característica metodológica central del trabajo fue distinguir de forma explícita entre cuatro desenlaces diferentes: dolor de hombro, lesión de hombro, discapacidad funcional relacionada con el hombro y patología específica de hombro. Esta distinción, habitualmente ignorada en la literatura, resulta clave para comparar estudios e interpretar correctamente los datos.
Se realizaron búsquedas en seis bases de datos desde su inicio hasta el 21 de marzo de 2026. Los estudios elegibles debían incluir jugadores de voleibol indoor competitivo y reportar al menos uno de los desenlaces mencionados, o factores asociados a esos desenlaces. El riesgo de sesgo se evaluó con las listas de verificación de apreciación crítica del Instituto Joanna Briggs. Dada la heterogeneidad clínica y metodológica sustancial entre los estudios, los resultados se sintetizaron de forma narrativa, sin metaanálisis. En total se incluyeron 27 estudios: 17 identificados mediante búsqueda en bases de datos y 10 a través de búsqueda de citas hacia atrás.
Qué encontraron: prevalencia variable según cómo y cuándo se mide el dolor
Las estimaciones de carga variaron marcadamente según la definición del desenlace y el período de seguimiento o recuerdo utilizado. Los datos más destacados fueron los siguientes:
- La prevalencia de dolor de hombro osciló entre el 22 % (prevalencia puntual) y el 38 % (prevalencia de vida).
- En jugadoras de secundaria de alto nivel, la prevalencia de dolor de hombro no traumático durante el ataque o el servicio en las últimas 24 horas alcanzó el 54,2 % (intervalo de confianza del 95 %: 40,6 %–67,6 %).
- En una cohorte prospectiva de atletas profesionales y de categoría máster, la incidencia acumulada fue del 52,6 % para dolor de hombro, del 38,9 % para lesión de hombro y del 47,3 % para discapacidad funcional relacionada con el hombro.
Entre los factores asociados reportados se identificaron: antecedentes de dolor o lesión de hombro, discinesia escapular, desequilibrio de fuerza, déficit de rotación interna glenohumeral (GIRD, por sus siglas en inglés), asimetría en el rango de movimiento total (TROM, Total Range of Motion), propiocepción, estabilidad dinámica, técnica de remate, posición de juego, exposición al entrenamiento, volumen de swings, postura torácica y resistencia del core. Sin embargo, los propios autores subrayan que la mayoría de la evidencia es observacional, heterogénea y presenta riesgo de sesgo moderado a alto, por lo que estos factores deben considerarse señales candidatas, no causas confirmadas ni factores pronósticos independientes.
Qué significa para la práctica: cómo usar esta información en el entrenamiento y la prevención
Esta revisión no proporciona recetas definitivas, pero sí ofrece un marco conceptual valioso y varias señales que conviene tomar en serio, siempre con la precaución que impone el nivel de certeza de la evidencia.
Distinguir el tipo de problema de hombro cambia las decisiones
El hallazgo metodológico más importante de esta revisión es que no todos los problemas de hombro son iguales. Que un jugador reporte dolor durante el remate no equivale a que tenga una lesión estructural, ni a que presente discapacidad funcional. Conviene que entrenadores, preparadores físicos y kinesiólogos adopten esta distinción en sus registros internos: documentar si el jugador tiene dolor (y en qué contexto), si hay una lesión diagnosticada, si existe limitación funcional que afecte el rendimiento, o si hay una patología específica identificada. Mezclar estos conceptos lleva a decisiones inconsistentes sobre carga de entrenamiento, retorno al juego y derivación médica.
El monitoreo regular del dolor es una herramienta de gestión del riesgo
El dato de que el 54,2 % de las jugadoras de secundaria reportó dolor de hombro durante el ataque o el servicio en las últimas 24 horas es llamativo. Aunque este número corresponde a un período de recuerdo muy corto y una población específica, sugiere que el dolor episódico asociado a gestos técnicos es mucho más frecuente de lo que suele registrarse formalmente. Implementar instrumentos de monitoreo de síntomas —aunque sea sencillos, como escalas de dolor aplicadas antes o después del entrenamiento— puede ayudar a detectar tendencias antes de que el dolor se cronifique o genere una lesión de mayor impacto. Esto es especialmente relevante en categorías juveniles femeninas y en períodos de alta carga técnica (pretemporada, torneos acumulados).
Los antecedentes de dolor o lesión merecen atención diferenciada
El historial previo de dolor o lesión de hombro aparece entre los factores asociados reportados con más frecuencia en la literatura. Aunque la revisión no establece causalidad, es una señal suficientemente consistente como para justificar una anamnesis funcional sistemática al inicio de cada temporada. Los jugadores con antecedentes deberían recibir una evaluación más detallada de su hombro —rango de movimiento, fuerza rotadora, estabilidad escapular— antes de aumentar la carga de entrenamiento técnico.
Factores biomecánicos: información útil pero no determinante
La revisión identifica una serie de factores biomecánicos como el GIRD (déficit de rotación interna glenohumeral), la asimetría en el TROM, la discinesia escapular, los desequilibrios de fuerza, la propiocepción y la estabilidad dinámica. Es importante no interpretar estos factores como causas directas de lesión: la evidencia es observacional y heterogénea. Sin embargo, su presencia puede orientar la evaluación funcional periódica del hombro dominante. En la práctica, se recomienda:
- Evaluar el rango de rotación interna y el TROM de ambos hombros al inicio y en momentos clave de la temporada.
- Incluir ejercicios de fortalecimiento de rotadores externos y estabilizadores escapulares como parte del calentamiento o el trabajo preventivo, sin esperar a que aparezca el dolor.
- Revisar la técnica de remate y servicio, ya que la técnica de spike aparece entre los factores asociados reportados. Este punto requiere colaboración entre el entrenador técnico y el profesional de la salud.
- Considerar la postura torácica y la resistencia del core como variables que forman parte del sistema de control del hombro, especialmente en jugadoras adolescentes con alto volumen de swings.
La carga de entrenamiento y el volumen de swings como variables a monitorear
La exposición al entrenamiento y el volumen de swings aparecen como factores asociados en la literatura revisada. Aunque no se puede afirmar que un mayor volumen cause directamente más lesiones, es razonable registrar y controlar estas variables, especialmente durante períodos de alta demanda técnica. Llevar un registro del número de remates y servicios por sesión —práctica habitual en béisbol y ya adoptada en algunos programas de voleibol de alto rendimiento— permite tomar decisiones más informadas sobre la progresión de carga.
Posición de juego y perfil de riesgo
La posición de juego también aparece entre los factores asociados, aunque la revisión no detalla cuáles posiciones presentan mayor carga. Es coherente pensar que las posiciones con mayor volumen de remates (puntas, opuestos) o de servicios de alta intensidad tendrán perfiles de exposición diferentes. Esto puede orientar la personalización del trabajo preventivo por posición dentro del equipo.
Precauciones al aplicar estos datos
Conviene recordar que la mayoría de los estudios incluidos son observacionales y presentan riesgo de sesgo moderado a alto. Esto significa que los factores identificados no deben interpretarse como predictores confirmados ni como objetivos terapéuticos independientes. Además, la heterogeneidad en las definiciones de caso y en los períodos de medición hace que las cifras de prevalencia e incidencia no sean directamente comparables entre estudios. Las recomendaciones derivadas de esta revisión deben adaptarse al contexto específico de cada equipo, categoría y temporada.
Limitaciones del estudio
Los propios autores señalan que la heterogeneidad clínica y metodológica entre los estudios impidió realizar un metaanálisis, lo que limita la precisión de las estimaciones. La mayor parte de la evidencia es observacional, con riesgo de sesgo moderado a alto. Las definiciones de caso utilizadas en los estudios incluidos son inconsistentes, lo que dificulta la comparación directa de los datos. Los autores llaman a que investigaciones futuras utilicen definiciones estandarizadas de desenlace, diseños prospectivos, monitoreo repetido de síntomas y un control adecuado de las variables de confusión.
Conclusiones aplicables para entrenadores, preparadores físicos y kinesiólogos
- Distinguir entre dolor, lesión, discapacidad funcional y patología mejora la comunicación interdisciplinaria y la toma de decisiones clínicas y de entrenamiento.
- El dolor de hombro durante el remate y el servicio es más frecuente de lo que se registra formalmente, especialmente en jugadoras jóvenes; el monitoreo periódico de síntomas puede detectarlo a tiempo.
- Los antecedentes de dolor o lesión de hombro justifican una evaluación funcional más detallada al inicio de la temporada.
- Los factores biomecánicos identificados (GIRD, discinesia escapular, desequilibrios de fuerza, TROM asimétrico) son señales candidatas, no causas confirmadas; orientan la evaluación, pero no deben interpretarse de forma aislada.
- Registrar el volumen de swings y la exposición al entrenamiento permite una gestión más informada de la carga técnica, especialmente en posiciones con alto volumen de remates.
- La evidencia actual es heterogénea y con riesgo de sesgo moderado a alto: las recomendaciones preventivas deben aplicarse con criterio clínico contextualizado, no como recetas universales.


